Francisco Bilbao es, con seguridad, uno de los hombres más nobles y brillantes de nuestra historia, y a la vez uno de los más olvidados. Su pensamiento y voluntad de querer transformar la sociedad de su época lo convirtieron, para sus contemporáneos más conservadores, en un alborotador. Las autoridades civiles y religiosas lo consideraban un indeseable. Cuando contaba con 21 años había causado escozor al publicar un texto titulado Sociabilidad Chilena. La obra provocó escozar en los círculos de poder y fue acusado de inmoral, blasfemo y sedicioso, siendo llevado a juicio y expulsado de la universidad. El 20 de junio de 1844, reunido el jurado que vería la causa, se decidió aplicarle una elevada suma de dinero como multa. Pero ante el asombro de las autoridades, esta fue reunida y pagada por una multitud de ciudadanos, entre ellos muchos jóvenes, que aclamaban a Bilbao, sintiéndose identificados con los planteamientos del revolucionario. El librepensador había escrito en contra de la constitución de 1833, además de atacar la hipocresía de la casta oligarca y la actitud inquisidora de la Iglesia Católica que “engañaba y oprimía al pueblo”.

Al poco tiempo de ocurridos estos acontecimientos, Bilbao partió hacia Europa, específicamente a París, donde estudió las más diversas ciencias, trabando amistad con destacados pensadores y artistas de la época. Recorrió los principales países del viejo continente y se nutrió de las revueltas sociales acaecidas en Francia durante el año 1848, sucesos en los cuales también se encontraba presente otro joven revolucionario llamado Carlos Marx.

En 1850 Francisco Bilbao ya estaba de regreso en el país y se había empleado en la Oficina de Estadística además de incorporarse como oficial de la Guardia Nacional. Fue en el transcurso de ese año cuando, secundado por su amigo Santiago Arcos funda, el 14 de abril de 1850, la Sociedad de la Igualdad, organización que planteaba propuestas con un claro sentido de clase. No es casualidad que entre sus fundadores se encontraran un sombrerero, dos sastres y un zapatero junto a hombres ilustrados de la época, incluso con cierto rango social algunos de ellos, pero que adherían entusiastamente a las causas populares. Entre sus integrantes podemos destacar a Eusebio Lillo, Manuel Recabarren, Benjamín Vicuña Mackenna, José Miguel Carrera y Fontecilla, Domingo Santa María, José Victorino Lastarria, Salvador Sanfuentes y José Zapiola, entre otros. La sociedad tenía por objetivo principal la formación de una escuela de educación y propaganda para el proletariado político y social. Su opción por los desposeídos había sido manifestada en el primer número del periódico El Amigo del Pueblo, redactado por Eusebio Lillo y donde se podía leer: Que el pueblo se rehabilite de veinte años de atraso y tinieblas. Desde este órgano se hacía público el programa de los asociados, que, entre otras cosas, contemplaba dentro de su plataforma de lucha la creación de escuelas gratuitas, bancos de obreros, montes de piedad y baños públicos. La organización revolucionaria comenzó de inmediato su trabajo práctico, llevando adelante clases para obreros, donde se les enseñaba aritmética, economía, música, política e incluso inglés. La sentencia que debían jurar quienes ingresaban a la sociedad, decía: ¿Reconocéis la soberanía del pueblo como base de toda política? Dicha afirmación demuestra la valía que se le asignaba a la participación activa del pueblo en la construcción de su futuro.

Desde su fundación y en la medida que ganaba adeptos y prestigio, la Sociedad de la Igualdad fue víctima de persecuciones por parte del gobierno de Manuel Bulnes. La situación política era delicada y cada vez se polarizaba más. Se comenzaban a tejer las condiciones que desatarían la guerra civil de 1851. Al amparo de una serie de conflictos entre gobierno y opositores las hostilidades fueron aumentando, llegándose incluso al intento de asesinar a Bilbao, líder de la sociedad, que ya, por aquel entonces, había publicado su segunda obra, Los Boletines del Espíritu. Ante este panorama y la convulsión social que iba en crecimiento, el gobierno declara el estado de sitio el día 7 de noviembre de 1850, prohibiéndose el día 9 del mismo mes a la Sociedad de la Igualdad. Esta seguidilla de sucesos y la violenta represalia y persecución a los opositores del gobierno durante los meses siguientes, desencadenaron un alzamiento revolucionario (20 de abril de 1851) conducido en lo militar por el coronel Pedro Urriola Balbontín, quien había sido, en el año 1816, uno de los guerrilleros que combatieron junto a Manuel Rodríguez.

El alzamiento no logró su objetivo, siendo derrotados los revolucionarios durante los combates que se dieron en las calles de la capital. Pese al valor demostrado por los miembros de la sociedad, no pudieron contra la superioridad numérica y mejor organización de las tropas del gobierno. Dignamente combatieron fusil en mano, Lillo, Bilbao, Carrera y Fontecilla, Vicuña Mackenna y muchos otros, los que luego fueron perseguidos, exiliados o encarcelados; otros murieron durante las refriegas, como sucedió con el propio coronel Urriola, que fue alcanzado por una bala ese mismo día al acercarse las once de la mañana.

Los historiadores conservadores llaman a este suceso “Motín de Urriola”, pero si lo vemos objetivamente, y los hechos así lo confirman, se trató de un real intento revolucionario por alcanzar el poder y transformar la sociedad. Un intento quizá demasiado improvisado, el alzamiento se decidió solo tres día antes de su ejecución, pero de una valía histórica importante en cuando a los objetivos revolucionarios que impulsaron tal acción.

Tras la derrota, Bilbao logró ocultarse bajo un disfraz de cura dispuesto por el sacerdote progresista Ramón Valentín García, consiguiendo huir a Lima, capital del Perú. En aquel país, dejó de manifiesto su espíritu internacionalista involucrándose en las luchas sociales y políticas de aquella nación. Esto le costó la cárcel por algún tiempo. Desde París envió a su amigo Santiago Arcos su libro Los Mensajes del Proscrito; en el año 1852 publica La Vida de Santa Rosa y en 1856 Dualismo de la Civilización Moderna. Durante el año 1857 se radica definitivamente en Mar del Plata, Argentina, desde donde continuó con su afán de luchar por la libertad de los países de nuestra América, escribiendo en numerosos diarios y revistas. Pero la vida es caprichosa, y nos trae sin aviso la desgracia. Un día, que se encontraba a orilla del río de La Plata, se arrojó a él para salvar la vida de una mujer que se ahogaba; producto del esfuerzo sufrió la rotura de uno de sus vasos pulmonares, comenzando a manifestársele desde entonces la enfermedad que lo llevaría a la muerte, ocurrida un 19 de febrero de 1865, a la edad de 42 años. Un año antes, en 1894, había publicado El Evangelio Americano.

Bilbao, aunque la historia oficial no le otorgue el mérito que le corresponde, sembró sus semillas. Recabarren, Lafertte, Allende, Miguel Enríquez, son algunos hombres que siguieron su huella. Es momento para que las fuerzas políticas y sociales, realmente interesadas en cambios estructurales en nuestra sociedad recuperen el legado que nos dejó este librepensador chileno, y no continúen buscando, mayoritariamente, vertientes más allá de nuestras fronteras, olvidando la primordial tarea que nos impone la lucha ideológica de construir nuestra propia identidad y desde allí levantar la plataforma que buscará conquistar el objetivo que soñó Francisco Bilbao y los integrantes de la Sociedad de la Igualdad, el mismo objetivo que también quiso alcanzar Salvador Allende y el gobierno de la Unidad Popular.

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