Mitología nórdica-escandinava, Alejandro Lavquén. Ilustraciones de Pablo Alvear Echeverría. Ediciones Estrofas del Sur. Mitos y religión, 156 páginas. Formato: 13,00 x 18,5 cm. ISBN: 978-956-09262-6-5. 1ª Edición: Julio, 2021. También en versión digital (eBook).

Mitología nórdica-escandinava es un compendio que reúne hechos míticos y heroicos de una de las mitologías más influyentes en el arte audiovisual contemporáneo. Estos mitos nos hablan de una tierra que contiene Nueve Mundos, integrados en el Yggdrásil, que es el gran fresno o árbol de la vida, y cuyos habitantes se encuentran, de diferentes maneras, vinculados entre sí: hombres, gigantes, elfos, enanos, valkirias, héroes, brujas, animales y objetos fabulosos. Todos con un destino común cuando llegue el día del Ragnarokk, el fin de los tiempos. Existían dos razas de dioses, los Ases y los Vanes. A los primeros pertenecía Odín y sus hijos, siendo el dios principal del panteón escandinavo y germánico.

AQUELLA ANTIGUA FACULTAD HUMANA DE INVENTAR

 Por Pavel Oyarzún

La convención indica que, en materia de cosmogonías, de mitos fundacionales, aceptemos aquello de su condición explicativa; vale decir, definir lo inalcanzable, en diversas comunidades y estadios del desarrollo de la especie. Quizás aquí calce, perfectamente, lo afirmado por el poeta T.S. Eliot, en cuanto a que lo seres humanos no somos capaces de aceptar demasiada realidad. Por lo pronto, la muerte. De acuerdo. Pero también tiene espacio aquello que trasciende a esta condición de ser una explicación del mundo para adquirir aquella de ser, a su vez, la creación de un mundo, a través de una larga tradición oral. En cuestión de mitologías, explicar es imaginar, y, por tanto, producir. Allí, en aquella sucesión de eslabones temporales, donde se crea y vuelve a crear el cosmos, a modificar la tierra, la especie cumple con su propósito de ir en busca de Dios o de dioses tutelares. Es, entonces, una forma de transmutarnos, en un relato, durante algún tiempo, en divinidades, creadoras de la vida, de toda vida, de un territorio, y del tiempo.

Lo asombroso aquí, junto con la configuración de estos seres y realidad fabulosos, es aquella antigua facultad humana de inventar. De fundar otra vida, otros ciclos. Sorprende comprobar, en la lectura del libro Mitología Nórdica-Escandinava, de Alejandro Lavquén, que hoy presentamos, la persistencia de este contraste entre la vida material, en un territorio inhóspito, liminal, muchas veces desmesurado en sus contiendas y rigores que, por cierto, desbordaban la existencia de los pueblos que lo habitaron y el surgimiento de un universo ficcional, de extraordinaria riqueza y diversidad, de un portentoso despliegue de historias, de una épica estelar, de un mundo sin orillas. Insistimos, esta lectura expone, de nuevo, este contraste; la inmensa superioridad de una vida espiritual, por llamarla así, en relación a la realidad material, de la cual surgieron esta y otras antiguas cosmogonías. Insistimos, aquí se refrenda el poderoso alcance de la ficción, presente en los seres humanos, cualquiera fueran sus circunstancias.

Para conocer a una sociedad, conoce sus cárceles, decía Dostoievski – y él sí que supo de prisiones, como sabemos-; bueno, en una paráfrasis, aventurada, podríamos decir que, para conocer a un pueblo, una cultura, debiéramos conocer sus mitos. Y aquí, en este compendio, de la Mitología Nórdica-Escandinava, expuesto en lenguaje claro, didáctico, nos sorprende, a modo de adelanto, -y tan solo este, nos permitimos- que, en la mitología creada por antiguos pueblos de la Europa septentrional, al contrario de los dioses de la mitología griega, por ejemplo, sus dioses fueran mortales. Podríamos aventurar, por ende, que la relación con la muerte, fuera la de asumir esta frontera, de un modo más natural y propio. Pudiera ser. Como está dicho, es una inferencia azarosa, de nuestra parte.

Y toda esta inmensa construcción mitológica, llevada a lomos de una pertinaz y poderosa tradición oral, al igual que otras tantas, sostenida en el ritmo de los versos, vale decir, en una de las formas que adquiere el canto, confirma aquello de que un principio estuvo el Verbo y la Creación Poética; más tarde recogidas, en la escritura, de los poemas que constituyen la Edda Mayor y la Edda Menor. Tal vez, como afirma Snorri, estos dioses alguna vez fueron personajes de carne y hueso, llegados desde Asia y que con el tiempo fueron elevados a tal altura. Es una posibilidad. Sin embargo, en lo concreto, nos queda aquel pacto establecido entre Poesía y Mito. O Mito y Poesía, como se prefiera, porque no altera el producto. Pero se trata de una antigua alianza, sin duda. Y a resultas de esta, surgen El Principio, La Creación del Mundo, de Hombres y Mujeres, la Luna y el Sol, el Origen del Viento.  Los Gigantes, La Gran Batalla. Y Odín. Y Tor. Y Frig. Y todo el gran elenco divino.

También podemos constatar, en estas páginas, aquella proximidad primordial, hoy aparentemente ya perdida para siempre – y que a su vez nos pierde en tierra yerta, tal cual – entre nuestra especie y la naturaleza: el rol estelar que juegan caballos, águilas, serpientes, lagunas, los espejos del hielo, cisnes, el viento supremo, Yggdrásil, el Árbol de la Vida, aquella fronda donde se resuelven todos los mundos conocidos.