SILVIO RODRÍGUEZ
y el arma de la crítica

Punto Final N° 532 (noviembre 08. 2002)

Perteneciente a la llamada "Nueva Trova", el cantautor cubano Silvio Rodríguez es uno de los más populares entre el público Latinoamericano. Y a Chile lo une un sentimiento muy especial desde que visitó nuestro país, por primera vez, junto a Pablo Milanés, durante el gobierno de Salvador Allende. Mientras duró la tiranía pinochetista sus canciones no faltaron en ninguna "Peña" o acto de repudio a la dictadura de los militares. Legendario es el concierto que ofreció en el Estadio Nacional el año 1990. Tampoco los chilenos olvidan aquel acto de homenaje a Ernesto "Che" Guevara –en el mismo recinto- donde compartió el escenario con Patricio Manns, Daniel Viglietti, Ángel Parra, Ismael Serrano y Vicente Feliú, entre otros destacados trovadores. Comprometido desde siempre con el proceso revolucionario de Cuba, Silvio Rodríguez ejerce además el cargo de diputado en el Parlamento de su país. Radicado en La Habana, desarrolla un intenso trabajo para promover a los nuevos valores de la trova cubana. Punto Final conversó con él acerca de su compromiso con la música, la revolución y América Latina.

¿En qué está hoy Silvio Rodríguez en el plano musical?

Tratando de darle continuidad a mi trabajo autoral, sin repetirme.

¿Prepara alguna nueva gira?

No tengo ese proyecto por ahora.

Usted creo un moderno estudio de grabación en La Habana. ¿Cómo han sido los resultados? ¿Está satisfecho de ellos?

Es cierto que puse un modesto granito de arena en la creación de los estudios Abdala, sobre todo en cuanto a hacer entender la necesidad de construirlos. Estos estudios pertenecen y son administrados por una corporación estatal llamada Cimex y están funcionando muy bien, con muy buenos resultados artísticos, ya que han creado un sello discográfico (Unicornio) que ha grabado buena parte de la mejor música que se ha hecho en Cuba en los últimos años. También muchos artistas extranjeros han grabado sus discos allí y algunos técnicos de renombre han prestado sus servicios.

¿De qué manera se insertan hoy los cantautores en un mundo globalizado y en el que se pretende imponer una cultura hegemónica?

Lógicamente, depende mucho del punto de vista del cantautor. Si es alguien producto de (o al menos plegado a) la llamada industria del entretenimiento, se sentirá a sus anchas. Pero cualquier manifestación cultural que resulte indeseable o "prescindible" para el hegemonismo, deberá luchar cada vez más por su supervivencia. Cabría preguntarse el espacio que puede ocupar ―digamos― el folklore, las tradiciones, la cultura como historia para el llamado show business. Si la cultura acaba siendo reducida a rostros y cuerpos bonitos que se van relevando para mantenernos entretenidos frente a las pantallas ¿qué noción de sí mismos tendrán los pueblos dentro de algunos años?

¿Cuál, según usted, sería el legado fundamental de la Nueva Trova?

La nueva trova deja un legado (y perdone la perogrullada) trovadoresco, de compromiso con la poesía y la canción, con la belleza y con la inteligencia. La nueva trova nace en un país de fuerte tradición trovadoresca y desde que aparece tiene un manantial donde beber. Ese manantial se convierte en torrente cuando se junta con sus análogos de sur y norte América y de Europa. Somos una canción popular enriquecida por los procesos populares de la segunda mitad del siglo XX y también por el desarrollo cultural. Es decir, enriquecida por la continuidad del despertar del hombre, por su hambre de justicia y de saber, por la angustia feliz de profundizar cada vez más en las preguntas sobre sí mismo y sobre su destino.

¿Considera que todavía es válido el mensaje político en el canto?

¿Es política una foto en que se ve a una madre con su hijo muerto de hambre o por falta de medicina en los brazos? Es una foto de la realidad. Entrar en contacto con la vida, con la verdad de la vida es conflictivo, provoca reacciones. A esas reacciones le llaman política. No sé si será válido el mensaje de los políticos profesionales, pero me parece válido que la obra de arte no se separe del dolor de los seres humanos.

Ha pesar de todos los problemas, Cuba sobresale en el campo de la cultura y la educación, además del deporte y la medicina. ¿Cómo ve usted la inserción –o la relación- de la cultura cubana con el mundo, y principalmente con Latinoamérica?

Bueno, hay que empezar por reconocer que el contacto y la identificación de Latinoamérica y Cuba no se ha podido impedir. Además de los esfuerzos de ambas partes por reconocerse, a pesar de algunas diferencias, yo creo que esa identificación es algo natural, porque tenemos los mismos orígenes y es muy difícil ir contra la naturaleza de los orígenes. Nuestros países están hechos fundamentalmente de gente de a pie, de campesinos, de obreros, de estudiantes soñadores. Las amas de casas son muchas en todas partes y son fragmentos de lo esencial de cada pueblo. ¿Qué es capaz de desarticular esa lógica, las necesidades, instintos y la condición similar de tantos seres humanos?

Pasando a otro tema. Como diputado de la Asamblea Nacional usted pronunció un discurso en defensa de la revolución cubana. ¿Piensa que aún es posible el socialismo para el resto del mundo?

Defender la Revolución cubana es defender el mejor proyecto y la mejor realidad social para la mayoría del pueblo cubano, en toda nuestra historia. También es defender nuestra soberanía como pueblo, responder positivamente a la alerta que nos hiciera Martí, no sólo por ser cubanos sino también por ser latinoamericanos. Respecto a que si el socialismo aún es posible, más bien pienso que no es imposible, aunque tampoco veo porqué tenga que ser obligatorio en algún país capaz de un sistema equitativo de repartición de la riqueza. La gran problemática pudiera estar no sólo en el "ismo" político sino también en el humano, como el ego "ismo".

Usted afirmó que "la Revolución no era propiedad privada de nadie" y que votaba por su "Patria Socialista perfectible". ¿Rompen estas afirmaciones quizá con un modo de ver la revolución como un proceso con el mínimo de errores?

Esas afirmaciones recogen momentos de mi vida ligados esencialmente al proceso revolucionario. Siempre he pensado que el no coincidir al pie de la letra con todos los puntos de vista oficiales no me sitúa automáticamente en la contrarrevolución. Esta lógica tiene que ver con un error estratégico que pudiera haber cometido la Revolución: el de permitir que el enemigo se apropiara de la crítica al proceso. De no haber sido así, creo que algunas cosas fueran mejor hoy día, entre ellas que la palabra disentir no perteneciera a los antagonistas de la Revolución. El mismo Fidel pronunció una vez la iluminación de que "hemos hecho una Revolución más grande que nosotros mismos", pero a esa reflexión no le fueron extraídos todos sus significados. Según vemos en la historia, todos los proyectos sociales cometen errores, pero hay que tener cuidado en no confundir errores de una revolución con errores cometidos desde el poder. También se sabe que si uno tiene una verdadera vocación de justicia es capaz de poner el bienestar general por encima de sus menudencias personales. Esa es parte de la entrega a veces cotidiana que exige un proceso social verdadero.

¿Cuál es su impresión política sobre los últimos acontecimientos en los países latinoamericanos? ¿Piensa que será posible algún día concretar el sueño bolivariano?

Si Europa, para ser más libre, se ha unido bajo el signo económico, a pesar de su historia, ¿por qué nosotros no, teniendo los principios de la unión en nuestra historia libertaria? Puede que antes tengamos que aprender todavía algunas verdades dolorosas, pero de todos los caminos ese el más deseable.

¿Cómo está su relación con Chile? ¿Está al tanto de lo que se está haciendo hoy en el ámbito de los cantautores?

Mi relación con Chile es de buenos recuerdos y de profunda gratitud. Hace algún tiempo, cuando llevé a Isabel Parra a conocer los estudios Abdala, le decía que cada vez que entraba allí murmuraba para mis adentros: "gracias, Chile". Y eso es porque el primer dinero que se usó para construir los estudios fue lo que nos pagaron por aquel famoso concierto en el Estadio Nacional, en 1990. Después de aquello, en cada gira que hice, invitaba conmigo a trovadores de las calles, algunos con un nivel artístico impresionante. Como hace rato que no voy, ahora me mantengo informado a través de las páginas de Internet que tienen algunos.

¿Tiene entre sus planes visitar nuestro país en el futuro?

La verdad es que no tengo plan concreto, aunque hay una invitación para el 2003 que espero poder cumplimentar.

¿Qué mensaje le dejaría a los jóvenes –y no tan jóvenes- de Latinoamérica que siguen escuchando sus canciones?

Explíquenmelo, por favor.