RICHARD CUNNINGHAM,

autor de Santiago Blues

 

 

Publicada en revista Punto Final Nº 690 (julio 24/ 2009)

 

Editorial Cuarto Propio acaba de publicar la novela Santiago Blues del escritor norteamericano Richard Cunningham, que fue traducida al español por Poli Délano y Jaime Valdivieso. La trama se basa en un hecho real ocurrido en Chile en 1973 durante la dictadura militar. Específicamente, la muerte y desaparición de Patricio Weitzel. Richard Cunningham es un ex combatiente de Vietnam que vivió una temporada en Chile, donde hizo grandes amigos. Cunningham ha sido reconocido por su trabajo en varias oportunidades, habiendo recibido el Premio de Traducción de la Universidad de Columbia por su traducción de la obra de María Luisa Bombal. Sobre el libro Santiago Blues y otros temas conversó con Punto Final.  

 

¿Cómo nace la idea de escribir Santiago Blues? ¿Por qué?

Ruby Weitzel, la hermana de Patricio, escribió un cuento titulado “El reloj”, donde relata la desaparición de Patricio y el descubrimiento de los restos de su cuerpo mucho tiempo después. Este cuento me impactó muchísimo, no sólo por lo que Ruby allí relata sino también por lo que no cuenta y que uno como lector imagina (la desesperación de la familia, la búsqueda infructuosa y el inmenso dolor). Después que lo leí, le dije a Ruby que debería transformar su texto en una novela donde se diera a conocer en mayor detalle lo que estaba pasando en Chile. Ella en esa época era periodista de La Tercera y con una sonrisa me dijo: “Richard, no tengo tiempo para escribir una novela. Escríbela tú”. Aquí en California, estábamos mejor informados que mucha gente en Chile con respecto a los abusos de la DINA y además yo sabía muchas cosas por mi contacto con otros periodistas de Chile y con la Vicaría de la Solidaridad. Escribí Santiago Blues como un modo de dar voz a Patricio Weitzel y a tantas otras víctimas dando también mi testimonio de lo que era Santiago en aquella época: una ciudad invadida por el miedo. Y cómo no si hasta en las estaciones del Metro había soldados armados haciendo guardia.

 

El gobierno de su país en 1973 fue instigador del golpe militar y de alguna manera cómplice de torturas y asesinatos ¿Cómo percibe hoy la sociedad norteamericana este hecho?

Es triste e injusto decirlo, pero mi país ha olvidado casi completamente lo que instigó en Chile. La investigación de Frank Church (senador de Idaho) causó un escándalo cuando se dio a conocer en 1976, pero con los años empieza a ser un episodio olvidado. Como ocurre con tantos otros hechos de la Historia. Me pregunto cuántos jóvenes chilenos escribirán sobre la dictadura, ese período tan oscuro y siniestro en la Historia de Chile.  Re pocos, ¿no te parece? Sin embargo y muy lamentablemente, los que sufrieron estos excesos de poder y sus familiares jamás lo olvidarán aunque con el tiempo las voces de ellos también se irán perdiendo. Por esto es tan importante dejar un testimonio escrito, un libro que pese al paso del tiempo, perdure en alguna biblioteca para que alguien algún día y cuando todos nosotros ya estemos muertos, tenga acceso a la memoria, parte fundamental de toda nación.

 

En su opinión ¿Cree que en Chile aún falta voluntad para saldar cuentas con los atropellos a los derechos humanos?

En mi opinión, el sistema de justicia en Chile ha hecho una labor que merece mi respeto. La encarcelación de Contreras y el subsidio dado a los parientes de los desaparecidos mas la cantidad de investigaciones acerca de la violación de los Derechos Humanos durante la dictadura es un modo, a posteriori, de insertar un grado de justicia en lo que fue una verdadera pesadilla para tantos chilenos. Sin embargo, falta mucho aún. Puede que esté equivocado, pero por las noticias, se le está dando mayor atención a aquellos que tuvieron puestos importantes y muchos de aquellos que participaron en “funciones menores” aún están caminando impunemente por las calles de Santiago.

 

Usted es un veterano de la guerra de Vietnam ¿Cree que alguna vez Estados Unidos dejará de lado su política de invadir países pequeños?

Mira, cuando terminó la guerra en Vietnam, yo tenía la esperanza de que iba a ocurrir algo semejante a lo que había ocurrido con otros países que habían perdido una guerra. En otras palabras, que en respuesta a la derrota, el país se iba a reconstruir tomando en cuenta la experiencia de haber perdido una guerra. Pero, el retiro voluntario de tropas en Vietnam sirvió como una fachada para olvidar que nos habían vencido y hasta hoy, en mi país no se quiere admitir que perdimos la guerra. De modo que Estados Unidos ha seguido iniciando conflictos con su intervención en otros países. En Vietnam, se inventó un pretexto para enviar tropas—la Bahía de Tonkin—verdadera invención del Pentágono. Y en el caso de Irak ha sido lo mismo, una manipulación a base de mentiras, las famosas armas biológicas que nunca se pudieron encontrar. Lo terrible y devastador es que por estas invenciones con un propósito puramente económico y político, muere tanta gente inocente incluidos los miles de jóvenes soldados de Estados Unidos.

 

¿Qué piensa de Barak Obama? ¿Cree que su gobierno será distinto a los anteriores gobiernos norteamericanos en su política hacia Latinoamérica, África y Asia?

La noche en que Barak Obama fue declarado presidente de mi país, se me llenaron los ojos de lágrimas en una mezcla de alegría y orgullo. Pensando que, pucha, mi país está pasando por un cambio muy significativo. Aunque desciendo de irlandeses, yo crecí en un barrio de familias negras cuando a la gente de color le estaba prohibido entrar a los restaurantes de los blancos e incluso tomar agua de las mismas fuentes en los lugares públicos. También era corriente en el sur que los blancos apresaran a algún negro y lo lincharan para luego colgarlo de un árbol. Así es que imagínate lo emocionado que estaba yo. Pero aparte de este aspecto racial, mi alegría era también porque después de tantos años de gobiernos republicanos que siempre han favorecido a los ricos, Obama es un verdadero estadista. Tiene una sólida preparación política e intelectual y su conciencia social hacia las injusticias de nuestro sistema es realmente admirable. Obama nos está dando otros horizontes, entre ellos la perspectiva de que Estados Unidos no es el dueño del mundo. Por el contrario, está haciendo esfuerzos por establecer relaciones amistosas con los otros países y ya está modificando radicalmente la política hacia Cuba castigada con un embargo económico desde 1961.

 

Usted es traductor al inglés del libro Muñeca Brava de Lucía Guerra y de toda la obra de María Luisa Bombal

Mi interés en la literatura chilena se debe a que mi esposa, Lucía Guerra, es chilena y por ella, Chile se convirtió para mi en mi segunda  patria. Como crecí en un orfanato, en Chile supe lo que era tener una verdadera familia y los chilenos han sido siempre para mí, sinónimo de mucho cariño y amistad. Desde que nos casamos, viajamos todos los años a Chile y somos amigos de muchos escritores. María Luisa Bombal era una persona luminosa, no sólo por su talento sino también por su increíble sentido del humor y ese sentido trágico de la vida que llevaba muy dentro. En mi opinión, La última niebla es uno de los textos narrativos más artísticos que he leído en mi vida y cada uno de sus cuentos entrega un concepto profundo en un lenguaje de alta elaboración poética. Fue un verdadero desafío traducir la obra de María Luisa al inglés y nunca olvidaré con cuánto cariño me agradecía mi trabajo.

 

¿Por qué ese interés en la literatura chilena? 

A Jorge Teillier lo conocí exactamente como lo cuento en Santiago Blues. Nos hicimos grandes amigos y nos juntábamos en El Club de la Unión Chica adonde también llegaba Enrique Lafourcade, Carlos Olivares, Ernesto Cárdenas a quien llamábamos “El Ultimo Alacalufe” y tantos otros. Junto a un vaso de vino blanco, una tarde, Jorge me escribió un soneto que aún guardo como bello recuerdo de lo que él era: un gran poeta, uno de los más grandes intelectuales que ha tenido Chile y un hombre que nunca perdió la dulzura de la niñez, a pesar de los sucesos trágicos que estaban ocurriendo en Chile.

 

ALEJANDRO LAVQUÉN