RAÚL ZURITA:
Un poeta vale por cien novelistas

Publicada en Punto Final N° 555 (octubre 24/ 2003)

Creador multifacético, Raúl Zurita inicia sus publicaciones en 1975 en la revista Manuscritos con el poema "Areas Verdes". Viaja a Nueva York y escribe un poema sobre el cielo: "La vida nueva", creación compuesta de quince frases de aproximadamente ocho kilómetros de largo, en idioma español. Este trabajo fue registrado en video por el artista Juan Downey. En 1978 ya pertenecía a la agrupación Colectivo de Acciones de Arte (CADA). Su obra se caracteriza por un lenguaje y estilo muy personales, y por una temática de tipo existencialista, tanto en su vertiente intimista como en la colectiva. Durante un tiempo fue también diplomático, siendo agregado cultural en Roma entre 1991 y 1995. Entre sus libros de poesía destacan obras como Purgatorio (1979), Anteparaíso (1982), Canto a su amor desaparecido (1985), El amor de Chile (1987), La vida nueva (1994), Poema militantes (2000) Inri (2003). En el año 2000 recibió el Premio Nacional de Literatura. Para saber más acerca de su último libro y de su visión sobre otros asuntos, relacionados con la cultura y el país, Punto Final conversó con él.

En su último libro "Inri" trata el tema de los Detenidos Desaparecidos ¿Es de alguna manera, este texto, una especie de resurrección a partir de la contemplación de nuestro paisaje natural?

No, ojalá fuese así. Lo que creo se ve en ese libro, en la última parte, es el sueño de la resurrección, algo como infinito, que lo abarca todo, pero es un sueño, no es real, porque lo único real es el dolor que generan esos sueños. Es la frase que termina el libro. Están muertos, solo en un sueño se soñó que revivían.

Inri significa "Iesus Nazarenus Rex Iudaeórum" ¿Cuál sería la analogía o relación entre el título y el contenido del poema?

Bueno, es el viejo tema de la Pasión. Pero aquí es la pasión de los paisajes y de los restos que esos paisajes acogieron. El tema de la pasión cristiana continúa siendo conmovedor porque es el relato de todo lo frágil, lo desollado, de todo lo herido, y de la perpetuidad de su voz. Esa voz es creo la que habla en esta poesía y, creo, en todo lo que yo he escrito.

En su obra –y no hablo sólo de este libro- la geografía juega un papel fundamental ¿A qué se debe esto?

Siento que es una cierta medida de la vastedad. Comenzó cuando terminé Purgatorio, en plena dictadura. Frente a la radicalidad del dolor sentí que yo al menos debía responder con una poesía más vasta, más radical y honda que el dolor que se nos estaba causando. Eso fueron las cordilleras, el desierto, el Pacífico. Me imaginé que allí estaban representadas las grandes improntas de la pasión humana, de nuestro sufrimiento, pero también de nuestra perpetuidad y sobrevivencia. Nada podía servirme para expresar eso. Ni la antipoesía de Parra ni la portentosidad de Neruda que me era absolutamente extraña porque esta construida desde la certeza. Siento que yo respondí desde el quiebre total, desde casi la locura, y tenía que responder, eso es la poesía que he escrito, para por lo menos poder decirle alguien "te amo".

Usted ha dicho, en una entrevista, que entre Purgatorio e Inri hay un vuelo, un viaje ¿Cuáles serían las derrotas y las victorias durante ese viaje?

Si te refieres a derrotas o victorias literarias no soy un crítico de mi mismo, pero lo que me correspondió fue dar cuenta de algo que no estaba registrado, hacer emerger una voz que no estaba puesta. La derrota, y es una derrota total, es haber tenido que escribir esos poemas. Ellos son una respuesta a la violencia, a la humillación de tantos y tantos. Ojalá no hubiesen habido desaparecidos ni muertos ni humillados y que no hubiese entonces ninguna poesía que tuviera que hablar de eso. No fue así. En un mundo de víctimas y victimarios le ha correspondido siempre a los poetas ser las primeras víctimas y también los primeros en levantarse para decir que no obstante todo vendrán nuevos días.

En una de sus acciones de arte usted escribió, en el desierto de Atacama, la frase "Ni pena ni miedo" ¿Siguen vigentes esos versos?

En un mundo donde lo más presente es la pena y el miedo, esa frase creo, es el único deseo vigente. En todo caso es increíble, el desierto donde está escrita se encargó de borrar todas las palabras salvo la palabra miedo. Es para mí demasiado elocuente.

En su poética, además de un gran misticismo y existencialismo, se perciben las raíces de los cantos de la poesía de América precolombina con bastante fuerza ¿Es importante mantener esa relación con nuestros orígenes primigenios?

No he buscado en la escritura esa relación como algo programático. Con una "Alturas de Macchu Picchu" basta, con un Neruda basta. Yo amo ese poema, es el más grande de la lengua castellana, pero me siento en las antípodas de él y de la actitud de Neruda. Esa poesía es una poesía que parte de la plenitud, de la seguridad en la historia, en un triunfo final. Nosotros partimos del derrumbe de todo, de la timidez, de la fragilidad y el miedo. Me conmueve en ese sentido más Parra. Pero tampoco la antipoesía daba cuenta de ese quiebre, no era sólo la lengua hablada. A veces siento que los poemas, el INRI por ejemplo, es como cuando se habla en sueños, salvo que es un sueño construido desde la desesperación y con esa intensidad que posee todo lo desesperado, todo lo que puede quebrarse sin remedio. Sólo en esa zona de lo frágil, de lo arrasado, creo estos poemas son también poesía de los pueblos de la América precolombina.

En cuanto a la poesía, usted hace talleres y está en contacto con muchos jóvenes poetas. Desde su punto de vista ¿Se mantiene en buen pie la poesía chilena?

Bueno, es sabido por todos que la narrativa chilena es en general bastante paupérrima. Están, claro, Donoso, los grandes cuentos de Edwards y Skármeta, algo que posiblemente sobreviva de Bolaño. Pero en realidad cualquier poeta joven es más interesante que los mejores novelistas chilenos de hoy. Se necesitarían 100 Bolaños más para comenzar a equilibrar eso. Es así y es un misterio. Hay una generación de poetas nuevos, digo mujeres y hombres menores de 30 años, extraordinaria. Por una razón que desconozco la poesía continúa siendo la voz más profunda del pueblo de Chile.

Pasando a otro tema, transcurridos 30 años del golpe militar ¿Qué piensa que triunfará: la verdad y la justicia o el perdón y el olvido?

Ojalá triunfase la verdad, la justicia y, desde el fondo de lo que creo para mí, en mi intimidad, ojalá también el perdón.

¿Qué opinión le merece la propuesta del presidente Ricardo Lagos sobre Derechos Humanos?

La palabra propuesta me parece que se ha usado y recibido con una frivolidad infinita. No puedo entender que tantos la hayan celebrado como si se tratara de una buena noticia cuando de lo que se habla es de un daño y de crímenes irreparables. Creo que es imposible que desde el poder se pueda haber ido más lejos que lo que las condiciones generales de Chile permiten y siento que fue redactado por el Presidente Lagos desde el dolor y la impotencia. Poder y poesía comparten distintas soledades y puedo comprender lo difícil de eso, pero mi lugar como artista es otro. Mi lugar es el de los deudos porque todo Chile son deudos. Todo Chile son familiares de los detenidos desaparecidos. Todos, absolutamente todos. Incluso, aquellos que más persisten en negarlo. Incluso los Hermógenes Pérez de Arce.

Una de las características de la transición sobre este tema es que, por parte de los sectores de derecha, se ha pretendido poner en el mismo plano a víctimas y victimarios ¿Qué piensa de esto? Se lo pregunto desde la perspectiva que usted fue uno de los miles de chilenos afectados directamente por la represión.

Por supuesto no es lo mismo ser víctima que victimario. Eso es aberrante. Lo que sucede es que quienes cometieron esas monstruosidades no cayeron de Marte, estaban en nuestros mismo colegios, en nuestros mismo barrios. En ese sentido hay un horror general. Un horror que Chile fue capaz de producir. Esos tipos eran hermanos nuestros, hermanos monstruosos, pero hermanos nuestros. En toda culpa siempre hay una dimensión colectiva.

Vivir los años ochenta fueron una tragedia ¿Cómo ha vivido usted la transición?

Ha sido como tomarse un vaso de agua sin tener sed.

Según usted ¿Cuáles sería los logros y las falencias de los Gobiernos de la Concertación?

El logro es haber evitado un Yakarta, una masacre y eso no es menor. Es algo trascendental que ningún vivo entre nosotros tiene el derecho a olvidar. La falencia también es mayor, pero esa es nuestra. La dictadura generó entre quienes la combatían sentimientos de solidaridad y de amor, de protección, de lealtad, que fue también lo primero que se olvidó. Lo único bueno que generó la dictadura fue lo primero que olvidamos. Esa es la gran tristeza de estos años, si no lo hubiésemos olvidado no estaríamos viviendo en una sociedad tan inequitativa e injusta como la que vivimos.

¿Se considera usted un poeta militante? Se lo pregunto entendiendo militancia como un compromiso político colectivo y profundamente relacionado con la vida.

Sí.

¿Qué significa Allende para usted? ¿Cuál sería su legado?

Yo fui allendista antes de saber leer. Lo que ha sucedido ahora es impresionante e irreversible. Lo que derrota para siempre la dictadura y a Pincochet es el discurso de Allende. Son sus palabras. Escuchar, como ahora todo Chile ha podido hacerlo, ese contraste abismal de las "grandes alamedas" y los berridos aterrorizados de Pinochet dando órdenes, en el mismo instante, en el mismo día, ha decidido la historia. Efectivamente, algún día, porque existieron esas palabras, se abrirán para todos las grandes alamedas.

En el último tiempo se ha hablado mucho de la "institucionalidad cultural" ¿Qué opinión le merece este concepto? ¿Se puede institucionalizar la poesía, por ejemplo?

Me parece muy bien que se destinen más recursos a la cultura, que se den más posibilidades. Pero para un artista eso finalmente es secundario. La poesía es un acto solitario. Aquel que tiene que decir algo lo dirá, sea cuales sean las circunstancias, a costa incluso de su vida.

Finalmente, a pesar de la caída de los muros ¿Aún cree en la posibilidad de un mundo mejor a partir de la socialización de las utopías? ¿Aún se pueden concretar aquellos sueños de justicia y bienestar para todos?

Sí, pero nosotros no lo veremos, no viviremos allí, sólo podremos vislumbrarlo casi como en un sueño. Como Moisés que sólo pudo ver la tierra prometida. Sé, y es doloroso saberlo, que como mundo, aún no hemos cruzado lo peor.

ALEJANDRO LAVQUEN