LA NUEVA CANCIÓN CHILENA

Entrevista a J. Patrice McSherry

 

Por Alejandro Lavquén

Publicada en revista Punto Final/ abril 28 de 2017

 

J. Patrice Mcsherry, acaba de publicar La Nueva Canción chilena. El poder político de la música, 1960-1973 (LOM Ediciones). La autora es profesora de Long Island University (LIU) en Nueva York e investigadora en colaboración con el Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) de la Universidad de Santiago de Chile. Ha escrito numerosos artículos académicos sobre el movimiento de la Nueva Canción chilena, los regímenes militares en América Latina, la Operación Cóndor, la Guerra Fría y la política exterior de los Estados Unidos en el continente.  

 

¿Cómo surge tu interés por la Nueva Canción?

Recuerdo esta música de mi juventud, canciones de Víctor Jara, Quilapayún, Inti-Illimani que se filtraron al norte gradualmente en los 70. Como parte de los movimientos sociales estadounidenses de los 70—contra la guerra en Vietnam y las intervenciones de los EEUU en América Latina—nos identificamos mucho con las canciones comprometidas. Recuerdo una protesta después del golpe en Chile, evento terrible que marcó la época. Había una gran marcha de muchos estudiantes y gente joven frente al consulado chileno y cantamos “El pueblo unido.”

Pero también la música andina siempre me ha conmovido. Esta música evoca la mística de la cordillera, la soledad, la belleza sublime, es música del alma para mí.

En términos académicos, mi proyecto de investigar la Nueva Canción chilena surgió en 2010. Como profesora universitaria tenía un sabático pendiente y quería un cambio de enfoque en mis estudios. Por muchos años me había dedicado a la investigación de la Operación Cóndor, el terrorismo del Estado en América Latina y los regímenes militares. Ya tenía libros sobre la transición incompleta en la Argentina y la Operación Cóndor, y muchos artículos. Estaba buscando un nuevo proyecto. Un día escuchando un CD de música popular de América Latina (era una grabación de Vivas Voces en Ecuador), noté la respuesta cálida y participativa del público y me di cuenta que era significativa políticamente. Tuve la idea de estudiar el poder político de la música. Me interesaba el impacto político del canto en movimientos populares y la manera en que la música puede forjar interconexiones humanas, vínculos sociales y causas comunes. La música tiene una capacidad comunicativa extraordinaria y una forma misteriosa de unir a la gente. Esto tiene implicaciones políticas claras. En ciencias políticas, mi disciplina, no se presta mucha atención al poder político de la música. Ha sido un proyecto innovador en este sentido.

 

¿Qué canciones dirías que marcan el comienzo de la Nueva Canción chilena?

Es una buena pregunta. Hay debates sobre esto. De hecho, ¡hay debates sobre quien era o no era parte del movimiento de la NCCh! Bueno, yo creo que Patricio Manns, con su canción conmovedora “Arriba en la cordillera,” fue un estímulo clave in 1965. Era la opinión que me dio Miguel Davagnino, un hombre importante en esta historia. Esta canción es una de las primeras que pone en el centro el drama de esta persona pobre, humilde, un cuatrero, con música encantadora y textos líricos. Pero no podemos olvidar a otros pioneros: Violeta Parra, la “madre” de la NCCh, que compuso canciones con conciencia social en los 50 y 60. Su influencia fue clave. Y sus hijos Ángel e Isabel, que abrieron la Peña de los Parra en 1965. Y otros. Además, había influencias de Argentina—Atahualpa, Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Los Trovadores, Los Huanca Hua y más—y fuertes huellas de la música chilena del campo y, por supuesto, los poetas destacados de Chile como Neruda. Había influencias de otros países latinoamericanos también.

 

Existe la polémica de si la Nueva Canción nació o no del Neofolklor. O si estos surgen casi simultáneamente. En tu opinión, ¿cómo se resuelve esto?

Bueno, era una pregunta mía también. Consulté muchas fuentes y hablé con muchas personas sobre esto, unas en el mundo de la música y estudiosas. Finalmente llegué a la conclusión que no, la NCCh no surgió del Neofolklor. Surgió al mismo tiempo, más o menos, pero eran muy distintos. Como me dijo Horacio Salinas, “Lo que sucede es que la Nueva Canción chilena y el Neofolklor tienen una raíz común en la música argentina, en la formación de los grupos, grupos con el bombo, con las guitarras, con ponchos, y grupos de 5 o 6 personas. Pero el contenido de lo que se hacía para nosotros era ridículo, cantar una canción con ‘bum, bum, bum’, era una frivolidad. Nosotros teníamos que ir hacia la poesía profunda, que dijera cosas trascendentales y que sobretodo hablara como lo hacía la Violeta (…) La Nueva Canción chilena no surgió del Neofolklor”.

Roberto Márquez de Illapu me dijo, “Ya en los 60 era un movimiento [NCCh] en plena gestación (...) El Neofolklor es una forma de separar a los músicos que hacen folklor ‘no comprometido’, modernizando el folklor, las formas, cómo se estructuran las canciones. Y hay una separación entre quienes hacen folklor y quienes hacen un folklor más social. Este movimiento de la Nueva Canción chilena se distancia del Neofolklor y se hace parte del movimiento social y político”.  

Finalmente, Mariela Ferreira me dijo, “Hay una gran diferencia entre el tipo de música que interpretaban Los Cuatro Cuartos y la Nueva Canción…La mezcla entre música y letras con contenido político, e incluso la música, era un elemento primordial para los movimientos sociales, el momento histórico, las marchas, la esperanza de millones: la música [de la NCCh] transmitía eso.” Estas explicaciones me convencieron. La NCCh nació y fue una parte integral de los movimientos sociales y políticos de la época.

 

Ricardo García definió a la Nueva Cnación como “música con conciencia política”. En ese sentido, ¿de qué manera permanece su legado? 

El legado es formidable. Primero, es una contribución de Chile al país y al mundo. Se conoce a Chile en el exterior por varias cosas: Neruda, Allende y la Nueva Canción, por el lado positivo. Y por otro lado, Pinochet, el golpe y la feroz represión durante la dictadura. La NCCh es parte del patrimonio cultural de Chile. Es de un período histórico específico, es cierto, pero también tiene cualidades universales. Mucha gente puede identificarse con esa música en el mundo entero.