ENTREVISTA A

JORGE MARCHANT LAZCANO

 

Por Alejandro Lavquén

 

Publicada en revista Punto Final Nº 791, octubre 11, 2013.

 

Jorge Marchant Lazcano es uno de los escritores más sobresalientes de nuestra narrativa contemporánea. Acaba de publicar La promesa del fracaso, su última novela, con bastante aceptación de la crítica. Su estilo literario, sus tramas, sus personajes, sus argumentos, poseen amplio sentido e inteligencia universal, así como historicidad. Entre su obra se cuentan Matar a la dama de las camelias (1986), La joven de blanco (2004), Sangre como la mía (2004), El ángel de la patria (2010). Por otro lado, Jorge Marchant Lazcano asume su condición sexual e inserción en la sociedad, política y culturalmente, con dignidad y consecuencia. Desde Nueva York, donde se encuentra de paso, conversó con Punto Final.     

 

Tus novelas han sido publicadas por prestigiosas editoriales, tanto en Chile como en el extranjero. En el caso de Chile, ¿cómo ha sido la recepción del público y de la crítica? ¿Estás conforme?

Hay varios puntos aquí. Es cierto que en Chile me han publicado dos supuestamente prestigiosas editoriales transnacionales, pero no he tenido tan buena experiencia como hacerlo con Tajamar Editores, una editorial chilena independiente, con quienes publicaré el resto de mi obra e incluso reeditaremos algunas novelas antiguas. Las transnacionales sólo están preocupadas en conseguir éxitos de venta y cuando esto no resulta, parecen perder interés en sus autores. Los libros así se descontinúan y a largo plazo desaparecen por completo. Tengo un público lector acotado y bastante fiel, y es probable que no haya crecido por la absoluta falta de interés por parte de los medios de comunicación en difundir literatura. Simplemente no les interesa. Los escritores prácticamente no existimos en el confuso y perverso panorama actual. Cierta crítica se suma a esto en la majadera negación de textos y autores. De tal forma, con quienes menos conforme estoy es con los comunicadores sociales, merced a los cuales nuestras obras pasan como pájaros fuera de bandada.

 

Tu última novela indaga en las relaciones familiares, la discriminación, los prejuicios sociales, la homofobia, asuntos que incluso ocurren entre familiares y amigos. ¿Qué le falta a nuestra sociedad para superar estas trancas?

La promesa del fracaso, mi reciente novela, habla de temas que son referentes en mi literatura, como la homosexualidad y las relaciones familiares. En este preciso momento me encuentro leyendo la última novela del norteamericano John Irving, Personas como yo, y un personaje que se convertirá en escritor señala que un poeta inglés -¿Auden quizás?– dijo que antes de poder escribir cualquier cosa, uno debía fijarse en algo. Yo creo haber fijado mi mirada a temprana edad en cierta etapa de mi vida en que supe que las cosas no serían fáciles. Y que la familia y el mundo que me rodeaba se encargarían de que aquello fuera más difícil. Esa mirada ha permanecido inamovible, agudizándose con los años. Por ello no me he escapado a la desconstrucción de la vida familiar, especialmente de la clase media, advirtiendo que allí estaban las raíces de algunos de nuestros peores defectos. No creo que sea tarea de la literatura intentar superar trancas, muy por el contrario, tal vez la mejor literatura deba agudizar esas “trancas” al extremo de hacerlas intolerables.

 

¿Te consideras un referente para la cultura de género, en este caso en la literatura?

No me considero un referente para nada, mucho menos en Chile, donde tal como te decía, el escritor es una especie de fantasma. Muchas veces en las redes sociales han intentado exigirme tomar actitudes casi de activista o militante en materias sexuales, pero me niego porque sólo me interesa expresarme como un escritor y desde esa mirada transcribir la realidad. Tengo claro al mismo tiempo que en los años 80, tras la aparición de mi primera novela, La Beatriz Ovalle, sentí temor de dar la cara como el homosexual abierto que ya era, e incluso callé por años el honor de haber aparecido en una importante antología gay en los Estados Unidos, junto a autores latinoamericanos de la talla de Manuel Puig, Reinaldo Arenas o Néstor Perlongher. Pasó un largo tiempo hasta que en 2006 publiqué Sangre como la mía y di el paso fundamental para convertirme en el escritor que soy ahora.

 

¿Existe la literatura gay o es sólo una clasificación ajena a la literatura?

Existen escritores homosexuales que, a través de la historia, digamos en el siglo XX, han intentado dar cuenta de sus realidades desde distintos ángulos. Muchas veces ocultaron su propia naturaleza y la disfrazaron, como lo hizo un Proust o un Wilde, o escribieron sobre ella y ocultaron su texto como lo hizo E.M. Forster cuyo Maurice se publicó después de su muerte. Nuestro propio Augusto D’Halmar fue capaz de escribir en los años 20, en la España más oscura y pechoña, una novela como Pasión y muerte del cura Deusto en donde planteó temas que están de moda hoy día. Todo esto sucedía en el más absoluto individualismo, sin conexiones entre un escritor y otro. Tuvieron que llegar las décadas de los años 40 y 50 para que escritores homosexuales norteamericanos comenzaran a dar cuerpo a una literatura colectiva que podría llamarse “gay”. De allí en adelante las cosas comienzan lentamente a cambiar y a configurarse, al mismo tiempo, una visibilidad que será fundamental para el desarrollo de una cultura homosexual que tiene su máximo apogeo en el mundo en la década del 70; luego, tras el desastre inicial del Sida, vendrá el comienzo de la aceptación y la dignificación –a través del dolor– de la homosexualidad con sus derechos inalienables. Por cierto, como en todo orden de cosas, los chilenos llegamos con unos 20 años tarde al cuento.

 

La fama y la obra son dos cosas distintas. ¿Existen escritores con mucha fama y una obra débil desde el punto de vista literario. ¿A qué atribuyes esto?

Hay escritores con mucha fama que escriben obras perdurables y maestras. Hay escritorzuelos con mucha fama que escriben libritos atroces que se los devoran con ansiedad un público consumista atento a la publicidad en los canales de televisión y en las revistas. No soy ni lo uno ni lo otro, a mi juicio. De partida, no escribo por la fama, ni para la fama. Soy un hombre más bien tímido, de bajísimo perfil, detesto la televisión (en la cual alguna vez participé como guionista para que no me lo saquen en cara) y bajo ningún punto de vista iría a hablar sandeces a cualquier programa de teve. Quiero decir que formo parte de aquellos escritores que estamos aquí porque “no sabemos hacer otra cosa” o “no queremos hacer otra cosa que mirar el mundo que nos rodea desde la palabra escrita”.

 

Pasando a otro tema. Desde hace algún tiempo se viene discutiendo, con mayor tribuna pública, sobre los derechos ciudadanos: aborto, matrimonio gay, autonomía mapuche, legalización de la marihuana, etc. ¿Crees que estos han sido enfrentados con honestidad y altura de miras por parte de las autoridades?

En absoluto. Me avergüenza pertenecer a un país que llega tarde a todo. No porque necesariamente debamos ser los mejores, o los más rápidos, o los más eficaces –como quieren hacernos creer-, sino que porque somos los últimos en reconocer los derechos de todos los ciudadanos. Fuimos los últimos en decidir que el matrimonio heterosexual podía acabarse sin tener que hacerse cargo de la hipocresía que implicaba una mentira entre ambas partes. No me cabe la menor duda de que seremos los últimos en tener un aborto seguro y que permita a las mujeres tomar la decisión sobre sus cuerpos. Estaré recontra muerto cuando la primera pareja gay llegue a casarse en este país, y ojalá, al menos, vea a más parejas jóvenes tomando el toro por las astas y decidiendo vivir sus vidas en pareja para no terminar solos como gran parte de los homosexuales hasta el día de hoy. Autonomía mapuche, ¿han leído las cartas a El Mercurio, en donde es posible ver el grado de oscurantismo, colonialismo y maldad que pasa por las cabezas de la mayoría de los chilenos al respecto? ¿Debo seguir?

 

Desde las movilizaciones de 2011 han ido en aumento las demandas ciudadanas por hacer valer sus derechos y terminar con los abusos de todo tipo. ¿Qué opinión te merece esta situación?

Creo que las movilizaciones en Chile comenzaron mucho antes, incluso en dictadura, y que muchas veces se olvida lo que otras generaciones han hecho por un intento de vida más sana, con menos injusticias. Me sorprende ver como determinados líderes juveniles entran a las redes del poder con tanta facilidad, como si hubieran estado esperando una oportunidad desde siempre, o hubieran sido tentados para bajar banderas con extrema facilidad. Me entristece en cierta forma ver a una juventud confundida, sin tener claros pensamientos sobre cómo se están dando las cosas o para dónde vamos. Pero tal vez eso sea parte del caos de estos tiempos, aunque me acuerdo que en una parte de La promesa del fracaso, cito a Peter Brook quien dice que “al final cierto caos se vuelve respetable, y es reconocido como parte del modelo universal”.

 

¿Ejerces tu derecho a voto? ¿Votarás este 17 de noviembre?

La única etapa de mi vida en que no voté fue durante los 17 años de la dictadura.

 

A 40 años del golpe de estado de 1973, ¿cómo ves Chile?

Complejo. Pertenezco a la generación que fue hecha mierda con el golpe de Pinochet. Había votado por primera vez en 1970. Estaba terminando mis estudios de Periodismo en la Universidad de Chile. Vi días antes del golpe las tiras de prueba de mi primer libro editado por Quimantú que sería destruido en los días posteriores. Nada de lo que me sucedió en lo personal fue grave –como le sucedió a otros compañeros y amigos– salvo sentir que mi vida habría tenido otro sentido si la democracia no hubiese sido derrotada. ¿Habría sido mejor o peor? No lo sabremos nunca. Por ello, ver cuarenta años después, ¡40 años!, que la hija de uno de los capos de la dictadura, sea candidata a la Presidencia de la República, me llena de incertidumbre sobre el futuro. ¡Es como si la hija de un jerarca nazi, 40 años después, fuera candidata a la Presidencia en Alemania! ¿Dónde pasan esas cosas? ¡Sólo en Chile! Sabemos que no será presidenta pero su especie está viva, esa mala semilla seguirá engañando, haciendo creer a los más ignorantes y desvalidos que son una promesa de “derecha progresista”. Mientras tanto, la otra hija de general, la que si será presidenta, ¿qué promesa nos da? Complejo. Muy complejo.