ARTURO VOLANTINES, EL POETA DEL NORTE

 

Por Alejandro Lavquén

Publicada en revista Punto Final nº 882/ Agosto 18 de 2017

 

Arturo Volantines (1955) nació en Copiapó. En sus inicios literarios residió un par de años en Antofagasta, donde dirigió el Grupo Salar y fue editor de libros y revistas. El año ‘80 llegó a la ciudad de La Serena, donde fundó las revistas literarias Lapislázuli y La servilleta de la poesía. También co-fundó la filial Coquimbo de la Sociedad de Escritores de Chile y otras instituciones de la cultura. Su obra ha sido incluida en antologías de la nueva poesía chilena en Suecia, EE.UU., Costa Rica, México y Argentina. Colabora habitualmente en la prensa norteña escribiendo sobre temas patrimoniales. Ha publicado poesía, antologías de poetas del norte y libros que rescatan la memoria histórica de la región.

 

Usted ha rescatado hechos históricos de la región, menoscabos por la historia oficial.

A finales del siglo pasado, en el norte surgieron movimientos locales de autodefensa de nuestro patrimonio. Pueblos con una fuerte raigambre cultural, como el atacameño, fueron dándose cuenta que tenían en su ethos una matriz potencial para sobrevivir y desarrollarse. El pueblo atacameño, que ya había resistido al invasor inca, coya y español, participó activamente en la construcción de la República. Pero también maduró su distinción: bandera, héroes y relato. Hoy, replicando a las mutuales, han nacido en el norte organizaciones locales separadas del centralismo de la capital, creando formas de soberanía local. Sobre todo, en los ámbitos medioambientales y culturales. Han nacido movimientos muy activos en Calama, Huasco, La Serena, etc. Particularmente, nosotros hemos creado organizaciones culturales rebeldes al centralismo actual, ese centralismo oligarca que se ató, en la historia reciente, con el dictador y luego con la Concertación. La Sociedad Pedro Pablo Muñoz y la Sociedad de Creación y Acción Literaria de Coquimbo (SALC) han venido reconstruyendo la historia social y cultural del norte. Se han publicado una treintena de libros de investigación, antologías y reflexiones colectivas. Especialmente, lo relacionado con las revoluciones de 1851 y 1859, que, además, son herederas de las primeras rebeliones de la República. Sobre todo de las rebeliones de Chañarcillo. El criterio fundamental de publicar todo esto ha sido destapar la olla.

 

¿Estos hechos, han tenido relevancia en la construcción político-económica del país?

Concepción, Coquimbo —que era también Atacama— y Santiago construyeron la República. Pero la oligarquía santiaguina hasta ahora se ha adueñado del poder. El norte ha sido el granero de Chile con su plata, salitre y cobre. Ha salvado a la República varias veces. Es el caso de la Guerra del Pacífico y de la Revolución del ‘91. Sin embargo, el norte se ha quedado con los agujeros de esas riquezas. Por eso, las insurrecciones han sido constantes y épicas en 200 años. Mientras no haya una “constitución conmutativa”, es decir, federalista, no habrá paz y siempre se estará arriesgando la integridad.

 

¿Por qué cree que los hechos del norte no son enseñados en los colegios?

Porque son demostrativos de conflictos reales. Muestran que no somos un país unitario sino diverso y multicultural. Y, además, porque, la sociedad provinciana ha sido mediatizada con espejos y prebendas. O sea, el yanaconismo ha funcionado bien. Sin embargo, allí está el heroísmo de Pedro León Gallo y Pedro Pablo Muñoz, y el del pueblo nortino, que ha pagado con cientos de muertos y desaparecidos en dos siglos de lucha descentralizadora. 

 

¿En qué está la literatura de la región?

Goza de bullicio. Se han generado organizaciones locales, que no obedecen a patrones nacionales. El CORE es elegido democráticamente. Y promete aún más cuando tengamos gobernador elegido por el pueblo. La globalidad y la entronización de las redes han despertado una nueva fauna, y con la política de llegar con nuestros libros directamente a los mercados internaciones, no pasando por Santiago, ha aumentado el bullicio. Nuestra participación en las Ferias del Libro de Guadalajara y Buenos Aires ha generado un mayor entusiasmo. Esperamos que la incipiente industria editorial regional y la literatura cargada de lo propio, también sean aportes al cuestionamiento distintivo y creativo del arte.

 

¿Santiago parece coparlo todo, cómo los afecta la centralización?  

Afecta. Tenemos un Estado cultural centralizado y perverso. No veo bien al Ministerio de la Cultura, ya que se convertirá en una organización sofisticada llena de “funcionarios” alimentando su propio estómago. Incluso será menos democrático que el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), ya que van a desaparecer algunos organismos democráticos como los Consejos Consultivos. Lo peor es que la SECh, en el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, es la única organización literaria que representa a los escritores chilenos cuando hay muchísimas en el país. Usa y abusa de esto, ya que entre otras cosas, además, de recibir fondos reservados, designa jurados y evaluadores de los concursos. Otro tanto pasa con la Cámara Chilena del Libro. Además, ambas organizaciones son abusivamente centralistas, ya que no tienen representantes de provincia en el Consejo del Libro. Todas las jefaturas, relacionadas con el mundo del libro están manoseadas y centralizadas, incluida la DIBAM y el Consejo de Monumentos Nacionales.

 

Usted fue presidente de la filial SECH Coquimbo ¿Cómo anda el gremio hoy?

Fundamos la SECh regional con los poetas “Toti” España, Bartolomé Ponce y otros. Fui su presidente fundador. Nació para defender a los escritores regionales y difundir sus obras. Ninguna de esas cosas se hace hoy. Actualmente es dirigida por una triada política de viejos  cabrones. Ninguno de ellos es genuinamente escritor. Ha sido una larga tradición de servilismo, autobombo y mediocridad.

 

¿Cómo evalúa hoy esta institución?

La SECh regional fue una mina guerrera y distinguida. Pero fue secuestrada. Hoy es yanacona del centralismo; patituerta, corruptible y abandonada por los poetas y escritores. Por ejemplo, hace algunos días se resolvió el Premio Municipal de La Serena para obras inéditas en prosa; el jurado compuesto por el directorio de la SECh regional le dio el premio a su propio presidente, el señor Ferreira. Una burla a los verdaderos escritores de La Serena. A la fecha, el alcalde no ha dado una explicación.

 

¿Usted fue militante, que lo impulsó a abandonar la militancia?

Nunca fui oficialmente militante del Partido. Estuve ligado a la Jota. Luego, en el clandestinaje, al Frente y al PC. Como Recabarren, abandoné el atrincheramiento para mantenerme en la ideología revolucionaria por lealtad y amor a Atacama. Siempre he sido fiel; fiel, como Ulises, a mi destino y a mi norte infinito.