LA REBELIÓN DE LOS NIÑOS

Entrevista a Mauricio Weibel

 

Por Alejandro Lavquén

Publicada en Punto Final nº 884/ septiembre 15 de 2017

 

Los niños de la rebelión (Aguilar, 216, pág.), es el nuevo libro del periodista Mauricio Weibel. Antes había publicado, por el mismo sello Traición a la patria, dando del llamado “Milico Gate”. Weibel ha sido “corresponsal e investigador sobre temas relacionados con las dictaduras militares, tráfico de armas, paraísos fiscales, desarrollo social y relaciones internacionales”. En esta ocasión su trabajo nos lleva al mundo de los estudiantes en dictadura y cómo adolescentes, de entre doce y diecisiete años, se organizaron y a costa del riesgo de perder la vida, enfrentaron a la dictadura pinochetista y sus esbirros. El libro nos revela detalles desconocidos de aquella lucha y sus protagonistas.  

 

¿En qué momento comienzan a organizarse los estudiantes?

Siempre hubo indicios de descontento, por pequeños que fueran. Sin embargo, las movilizaciones más multitudinarias y los esfuerzos mayores por la unidad del movimiento estudiantil arreciaron en 1985, después del degollamiento de los profesionales comunistas Manuel Guerrero, José Manuel Parada y Santiago Nattino.

 

¿Cuál fue su principal aporte a la lucha contra la dictadura?

El movimiento secundario en dictadura se basó en la decencia y el coraje, dos valores que hoy parecen muy lejanos en la política. Fueron jóvenes dispuestos a arriesgar su vida, sin pedir nada a cambio. No estaban pensando en una diputación o un cargo. Querían ser libres y felices. Anhelaban aportar a la construcción de un mundo justo y solidario. Se enamoraron del colectivo, de sus sueños.

 

Un aspecto desconocido es la relación entre el ministro de educación de la época, Gonzalo Vial, y la CNI. Dado esto, llama la atención que Aylwin y la Concertación lo hayan considerado digno de integrar la Comisión Rettig.

Después de revisar miles de archivos secretos de la dictadura cívico militar no me queda ninguna duda que los civiles trabajaron activa y coordinadamente con la CNI. No fueron simples “cómplices pasivos”. Los ministros, por ejemplo, recibían informes diarios de la policía secreta. Delataban. La CNI se inmiscuía en las políticas públicas, los subsecretarios acudía a reuniones en las sedes de los equipos represivos. Todo quedó por escrito.

 

El rumbo que tomaron los acontecimientos pre y post plebiscito del SÍ y el NO ¿De qué manera afectó las movilizaciones del movimiento estudiantil?

El régimen, como muestran algunos oficios e informes secretos, se sentía derrotado, pero la oposición creyó que no tenía fuerzas para doblegarlo. Fue una tragedia porque ese error de apreciación nos condujo a un largo período de mercantilización de la sociedad y la democracia. Todo fue privatizado. Las empresas del Estado, el financiamiento de la política, el cuidado de los niños en riesgo social, la provisión de los derechos sociales. Todos los movimientos sociales fueron desarticulados, ignorados. Fue brutal.

 

¿Qué fue de los dirigentes del movimiento, en qué están hoy?

Era un movimiento ideológicamente plural y con una composición social diversa. Algunos son obreros, otros fueron ministros. Unos son profesionales, algunos siguieron ligados a movimientos guerrilleros. Hubo de todo.

 

Guardando la diferencia de contextos históricos ¿Cuál dirías que es la diferencia entre los dirigentes estudiantiles de los ‘80 y los surgidos el 2011?

La movilización de los ochenta fue la última gran revuelta estudiantil antes de la globalización, antes de Internet. La comunicación era cara a cara, humana, afectiva. La mayoría de ellos estaban dispuestos a arriesgar la vida para salvar a otros. Fueron un colectivo sin egos, sin más aspiración que la justicia.

 

¿Qué opinión te merece el actual movimiento estudiantil?

Es otro mundo, otra generación. Ni siquiera existe una única organización estudiantil secundaria, están separados en la CONES y la ACES, pero en el fondo son hijos de la segregación social, cultural y económica que vivió el país desde los procesos de privatización de los años ochenta. Me parece hermoso que siendo hijos del capitalismo, sigan soñando con la Justicia.