DIAMELA ELTIT ENJUICIA AL SISTEMA

Entrevista

 

Por Alejandro Lavquén

Publicada en revista Punto Final Nº 860/ septiembre 16 de 2016

 

Diamela Eltit es una de las escritoras  chilenas más reconocidas en el extranjero. Ha hecho clases y dictado conferencias en Chile y universidades latinoamericanas, europeas y norteamericanas. Durante los años de dictadura da sus primeros pasos en la literatura y el arte. Entre sus numerosas publicaciones se cuentan Lumpérica (1983); Por la patria (1986); Vaca sagrada (1991), Impuesto a la carne (2010) y Fuerzas especiales (2013).

 

Durante la dictadura, junto a otros artistas, fundas el Colectivo de Acciones de Arte (CADE) ¿Cómo nace esa idea? ¿Qué quedó de esas acciones?

Pensamos, con las “acciones de arte”, generar intervenciones ciudadanas que interrumpieran su flujo represor en algún punto de la ciudad. La puesta en marcha del CADA se fundó en la necesidad de unir arte y política. Quizás su acción más relevante y, en gran medida actual, fue el rayado mural: NO +, diseñado y activado en 1983 con ayuda de un grupo de artistas que lo escribieron y lo inscribieron en los muros de la ciudad. La apuesta política y conceptual del CADA era que la ciudadanía iba a completar ese rayado que incorporaba el signo No + con sus demandas. Así ocurrió  y sigue ocurriendo, y ese trabajo CADA le pertenece  ahora  a la protesta ciudadana. Antes NO+ Dictadura, hoy NO+AFP.   

 

Lumpérica, tu primera novela, aparece en 1983, cuando el repudio a la dictadura comenzaba a tomar fuerza ¿Cómo influye en tu escritura ese período?

Fue muy complejo para mí, porque fue mi primera novela y siempre pendía de un hilo su materialización. Me costó mucho organizarla, pensarla, escribirla. Si, hay un contexto del texto y no se puede olvidar en ese período el repudio ciudadano, que fue respondido por el poder militar dejando una estela de muertos, heridos, torturados y presos, fundamentalmente de los sectores poblacionales, cuya épica y resistencia aún no ha sido analizada ni recuperada como se merece.     

 

¿Qué importancia le das a la identidad de género en el momento de crear una obra literaria?  

Cuando escribo, precisamente me desmarco de la identidad de género que me ha sido asignada por los poderes. Es por eso que, para mí, escribir está unido a una liberación y me dejo invadir por la escritura misma. El único desafío es con la novela.    

 

En otro aspecto ¿Podríamos decir que tu literatura está en permanente conflicto con el poder, con quienes controlan la sociedad que tenemos?

No lo sé, tengo ciertas obsesiones que no terminan y que apuntan a ciertos espacios más invisibilizados.  

 

Respecto a las críticas a tu trabajo, sean a favor o en contra ¿Cómo las asimilas?

Yo diría que conservo una cierta distancia y eso me ha permitido tener resistencia, porque en definitiva, lo literario es central en mi vida. Mi emergencia no fue fácil, nunca ha sido fácil, pero también es gratificante. He comprobado a lo largo ya de muchos años, mi pasión gratuita e intensa por la literatura.    

 

¿Cómo es tu relación con el Premio Nacional de Literatura? Lo pregunto considerando en que muchas voces manifiestan que hace rato que te lo mereces.

La verdad es que no relaciono literatura con premio de ninguna índole. En general este Premio Nacional que podría ser estimulante, se ha convertido en una zona de humillación para participantes y ganadores, porque el medio literario muestra cuáles son las dimensiones de los (pequeños) poderes que se estremecen o se enfrentan. Por otra parte, puede ser que este Premio dé cuenta de un cierto malestar y de una determinada desprotección que atraviesa al sistema literario y estalle cada dos años algo parecido a la ira de los  “encapuchados”, que finalmente hay que comprender.      

 

En Chile crece la indignación contra los políticos ¿Cómo ves ese fenómeno?

El sistema entero está al borde de colapsar por la codicia acumulada por años a costa de la vida concreta de las personas. Pero, también hay que reconocer la captura que el sistema neoliberal ha conseguido sobre sus mismas víctimas que lo combaten. Hay que leer bien los signos y no dejarse atrapar por intervenciones como la del “Negro Piñera”, que es puro apoyo electoral a Sebastián, como él le dice. Me dio vergüenza ver a esas mujeres de la televisión saltando de felicidad a su alrededor como si él fuera un jubilado con $ 80.000. El problema es la usura generalizada, los engaños y el dinero como único signo social.  

 

Fuiste agregada cultural en México ¿Te decepcionó la Concertación?

Fue un período importante en mi vida porque por primera vez viví fuera de Chile. Estaba aterrada, pero lo logré, no sé cómo, porque yo soy bastante local. Además, ser Agregada Cultural me hacía sentir culpable. Pero, por otra parte, fue un paréntesis necesario, una pausa y trabajé cada día como una funcionaria más. Yo no soy militante y eso me permite una zona más independiente para mantener un pensamiento crítico.   

 

¿Qué opinión te merece la Nueva Mayoría y el gobierno de Michelle Bachelet?

Pienso que este gobierno y su crisis, puso sobre el tapete cómo la concentración de riqueza es monolítica y cualquier reforma, por leve que sea, genera un cataclismo. Ya se sabe con claridad que la derecha parlamentaria sirve al gran empresariado, que parte de la D.C. defiende sus propios intereses económicos, que Michelle Bachelet tuvo serias discrepancias con su Ministro del Interior, Jorge Burgos, porque ella estuvo mucho tiempo “durmiendo con el enemigo”. Que Soquimich fue una plaga corruptora, tóxica, que penetró capilarmente a parte de la izquierda -algunos casos muy sensibles- hasta que perdió su propia dignidad utilizando argumentos también tóxicos y retorcidos. Hay que ver porqué este ciclo ya no da para más. No sé cuántos parches leves puede soportar. Y también puede que vuelva, como gran paradoja, la derecha, o se retome el modelo Concertación. Todo es posible por la infinita captura de imaginarios sociales.