LA COFRADÍA BLINDADA

Entrevista a Dauno Tótoro

 

Por Alejandro Lavquén

Publicada en revista Punto Final nº 872 /Marzo 31 de 2017

 

Se ha reeditado una edición revisada y actualizada de La cofradía blindada (Planeta) del periodista y escritor Dauno Tótoro Taulis. Subtitulada: “Autonomía, negocios e insubordinación de las Fuerzas Armadas chilenas”, da cuenta con claridad de la actividad de los militares en la sociedad chilena desde, durante y después de la dictadura. Donde han jugado un papel que va más allá de lo permitido por la ley, pasando por el crimen y la corrupción. Dauno Tótoro recibió el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí en 1995, y es autor de los libros de crónica periodística y ensayo Camino Verde, EZLN, el ejército que salió de la selva (1994), Zapatistas (1995) y Ser de izquierda (2002),  además de cuentos, relatos y novelas, entre ellas La sonrisa del caimán.

 

La cofradía blindada fue publicado en 1998 ¿qué novedades trae la nueva edición?

         En su versión anterior, la situación respecto de las tensiones y la relación traumática entre el Chile Civil y el Chile Militar estaban marcadas por una serie de elementos que hoy ya no existen: Pinochet estaba vivo, era Senador designado, no había sido detenido en Londres, no se había producido aún la bochornosa defensa del dictador por parte del gobierno civil, no se habían descubierto sus cuentas en el Riggs; poco y nada se sabía en concreto acerca del contenido de las “leyes secretas”, de la Ley Reservada del Cobre, de los procedimientos fraudulentos utilizados por los altos mandos de las FFAA para enajenar bienes públicos mediante el uso de la normativa del Patrimonio de Afectación Fiscal, etcétera. La intención de esa versión del libro fue, fundamentalmente, tratar de entender “quiénes son los militares”, cómo se forman, cómo piensan, si acaso lo que conocimos de ellos durante la dictadura fue un lapsus, un exabrupto en la historia, o si se trató de una expresión bestial de un problema más de fondo, estructural. Todo eso fue abordado en el libro, llegando a la conclusión de la existencia de dos Chile, uno civil y otro militar, como base de nuestra construcción social; dos países, y uno de ellos (el civil), subsidiando por completo al otro.

         Pasados 19 años, lo que había que analizar en esta nueva versión era si acaso todo lo descrito en 1998 había sido superado, si aquello que veíamos a finales de la década de los ‘90 respondía a “resabios de la dictadura”, a la presencia nefasta de Pinochet, si las relaciones habían finalmente encontrado un cauce natural, si la subordinación del Chile Militar al Chile Civil se había concretado (por lo menos así lo aseguran con aspavientos desde el mundo político hoy, especialmente el ex presidente Lagos que señala que la subordinación se hizo total durante su gobierno, con su “nueva constitución”, el fin del Cosena, el fin de la inamovilidad de los Comandantes en Jefe, etcétera).

 

NADA HA CAMBIADO

         Volví a investigar, usando la misma metodología que en la versión anterior, agregando datos y sumando nuevos elementos de análisis. La conclusión es que aquello que ya antes se había descrito en detalle no se trataba de resabios de la dictadura. En términos estructurales nada ha cambiado… y no lo ha hecho durante toda la historia de la República, pues lo que hay, en términos de cimientos, es un sistema de autonomía permanente del mundo militar respecto del civil.

         Los argumentos recabados dan cuenta de esta realidad en su estructura y forma, y de las responsabilidades involucradas en su mantenimiento. Aunque es verdad que la autonomía castrense se ha visto disminuida en apariencia durante los últimos 20 años (que es lo que llamo “de la insubordinación abierta a la autonomía pactada”), jamás ha sufrido, hasta la fecha, mella alguna en sus pilares fundamentales y que están absolutamente imbricados entre sí: la autonomía en el financiamiento de las Fuerzas Armadas; la autonomía en la formación, valores inculcados, malla curricular y sistemas de convivencia y ritos de paso de los soldados, lo que conforma su ideología y relación con el Chile Civil; la autonomía en la definición de las políticas nacionales de Defensa (o en su implementación), más allá de las líneas gruesas que señalen los diferentes gobiernos como una pretensión (o ilusión) de control civil sobre las mismas. Y, más grave aún, esta autonomía ha sido y es funcional para la mantención y defensa de los intereses corporativos que dominan a Chile, en desmedro del bien común. Es decir, Fuerzas Armadas autónomas, autoformadas y estancas, en las que predomina de modo determinante una mirada de mundo sesgada, retrógrada, ultraconservadora, son la mejor herramienta que tienen los intereses corporativos para poner atajo, cuándo y cómo quieran, a cualquier proceso social en que prime como meta el interés común de todos los ciudadanos.

La renuncia permanente del poder civil a exigir y obligar la subo