IX

África se oscurece con su propia
sangre.
Selvas y sabanas no logran cobijar
la estampida de los ritos ancestrales.
Tribus desnudas
lloran el rugido de las balas.
Los viejos colonizadores
beben oporto a orillas del Tajo
o se embriagan en Montparnasse.
(Algunos se extravían desquiciados en la niebla
londinense.)
África arde como un diamante.
Los hijos de Memnón
caen famélicos en la gigantesca
fosa común.
Un continente estalla frente
a las pulidas ventanas
de la Atlántida.

 

XII

Una mujer lloraba asida
a una tumba.
Traía en sus pechos, clavado
el firmamento.
La guerra cruel de los hombres
había vaciado
pueblos y ciudades en las llamas
de la demencia.
Ares golpeaba sin piedad
su espada sobre los Balcanes.
Zeus dejaba caer sus rayos
desde el Capitolio.
Las almas de los niños muertos
pedían clemencia para las etnias del mundo.